Un viaje a Bosque Berlín

Por Madeleine Pote

Soy una estudiante de tercer año en la Universidad McGill, Montreal. Me especializo en Negocios Sostenibles y hace dos años pasé un mes en la India, trabajando como voluntaria en una escuela para niños que tenían poco acceso a la educación. Fue una experiencia de aprendizaje increíble que me orientó a trabajar para empresas sociales, por eso decidí hacer mis prácticas voluntarias en Shiwi, gracias a todo el trabajo que realizan.

Como practicante en Shiwi durante el mes de Junio del 2019, tuve la oportunidad de acompañarlos a un viaje increíble en Bagua Grande, Amazonas. Fuimos a un área de conservación privada llamada Bosque Berlín: un paraíso de 100 hectáreas de bosque nublado, ríos y naturaleza.

Este bosque protegido es propiedad de la familia Rimarachin, que son pequeños agricultores y que proporcionan a Shiwi miel de abeja proveniente de flores silvestres. La familia, compuesta por Leyda, quién fue nuestra guía, y sus padres: Carmela y Ricardo, nos recibió durante los días que pasamos allí. Yo siempre he amado la naturaleza, por lo que estaba realmente emocionada por conocer la selva amazónica por primera vez y tenía curiosidad por aprender sobre el estilo de vida de las personas que viven allí.

El motivo de este viaje fue que el equipo de Shiwi se reuniera nuevamente con la familia Rimarachin porque ellos son el motivo de la empresa, ya que son personas que  cuidan la naturaleza mediante la producción responsable de productos ecológicos. Además, fue una oportunidad para que todos los que viajamos nos conectáramos con la naturaleza. Esto es lo que más me conmovió cuando salimos del avión: lo colorido y sorprendente que era el paisaje, nuestro viaje recién empezaba. Al bajar del avión tomamos un auto y luego un pequeño bus por varias horas. Al final del camino, fuimos recibidos por Ricardo y su perro Doki. Siempre recordaré la sonrisa fascinante en la cara de Ricardo. Me hizo sentir que llegué al lugar correcto aunque no tenía ni idea de dónde estaba. Lo seguimos al bosque y llegamos a su casa una hora después. Me encantó el hecho de que teníamos que caminar un poco antes de llegar allí: fue gratificante el llegar a nuestro destino y comtemplar toda la naturaleza que nos rodeaba. Fue increíblemente tranquilo, no me había sentido tan relajada desde que había llegado a Perú dos semanas antes.

Durante nuestra estadía, la familia nos hospedó en su casa, prepararon la comida más deliciosa y saludable que había probado en meses. Nos enseñaron cómo preparan la panela artesanal y nos guiaron por caminos maravillosos alrededor de todo el lugar. ¿Qué más podría pedir una visitante como yo? Estaba fascinada, también nos mostraron cómo el ecoturismo es otra de sus fuentes de ingresos y la manera en que les permite seguir cuidando la naturaleza. Este tipo de turismo difiere del turismo tradicional porque pretende sensibilizar a los visitantes sobre el medio ambiente, participar en la conservación y mejorar la calidad de vida de la población local. Por lo tanto, practicar el ecoturismo es una gran  actividad para contribuir a que nuestro mundo sea más sostenible. Una empresa que incentiva este tipo de actividades es Pausa, una agencia de ecoturismo que junto con Shiwi y Conservamos por Naturaleza coordinaron e hicieron posible este viaje inolvidable.

La comida fue un pilar de esta experiencia en el Amazonas, cada comida que nos brindaron, desde el desayuno hasta la cena, fue con alimentos totalmente nutritivos y deliciosos,  hechos a base de productos naturales  que crecen en la región. Fue realmente sorprendente lo variadas y sabrosas que eran las comidas. Especialmente teniendo en cuenta el tamaño de la cocina y los accesorios que eran diferentes a los que estamos acostumbrados. Sólo usaban fuego de leña, ollas, sartenes y una moledora por lo general. No se necesita electricidad, excepto para la iluminación lo que me hizo sentir muy inspirada por lo ingeniosos que son a la hora de preparar los alimentos.

Un ejemplo de ello fueron las comidas cocinadas con ingredientes locales y no procesados, muchos directamente de la granja. Por ejemplo, el café que tomamos todas las mañanas estaba tostado y molido en casa. Nuestro último desayuno consistió en una cálida bebida de quinua endulzada con su propia panela, tamales caseros rellenos con queso fresco de sus vacas y una ensalada con guisantes en su patio trasero. Otro desayuno era una tortilla de verduras hecha con huevos frescos de sus pollos y las verduras de su jardín. La tortilla estaba acompañada por papas, camote, palta y mucho más. Leyda nos explicó cada comida en detalle: qué es, de dónde viene, cómo se obtiene y se cocina. Nunca me había sentido tan cerca de los alimentos en toda mi vida. Estar tan consciente de lo que estaba comiendo me permitió disfrutarlo aún más. Creo que esta experiencia gastronómica  ha cambiado mi relación con la comida. Ahora estoy más consciente de lo importante que es ser más agradecida de los alimentos que consumo para sentirme bien y tener salud.  Finalmente, en un momento del viaje, Leyda nos presentó una muestra de algunos alimentos nativos de la región, que incluían platanos , tarwi , castaña , oca y rocoto . ¡Fue muy emocionante!

Después de probarlo en muchas bebidas y postres, fuimos testigos del proceso de producción de su Panela, que ocurre una vez al mes. Esta técnica artesanal fue transmitida de generación en generación en la familia Rimarachin. La panela es  100% natural y proviene de la caña de azúcar. En la madrugada, los productores van al los cultivos de caña de azúcar ubicado debajo de su casa y cortan varios tallos. Luego, lo exprimen usando la fuerza vigorosa de dos toros para obtener el jugo dulce. Después, colocaban a fuego lento este jugo de la caña en las ollas. A mitad del día, comenzaba la condensación y para la tarde finalmente se cristalizaba en Panela artesanal después de un arduo trabajo en equipo. Realmente disfruté probando algo tan delicioso y de lo cual había presenciado el proceso de producción. No podría ser más natural y ecológico. Incluso tuvimos la oportunidad de llevar un poco de panela artesanal a casa con nosotros.

Como estudiante de negocios sostenibles , quería aprender más sobre el funcionamiento y los valores de las empresas con impacto social a través de mi pasantía en Shiwi. Esta increíble experiencia  ha alimentado mi pasantía más de lo que jamás hubiera esperado. Todo encajó en mi cabeza. El hecho de que una organización tenga propósito es lo que la hace especial. Estoy muy felíz por haber conocido a la familia Rimarachin gracias a Shiwi y ser testigo del esfuerzo y cariño con la que trabajan los pequeños agricultores para la conservación en Perú. Me di cuenta de lo crucial que es apoyarlos. Ahora sé más que nunca que sólo podría trabajar para una organización con la que comparto valores y entiendo su verdadero propósito.

¡Date el gusto de conservar con Shiwi y apoyemos a las personas que cuidan la naturaleza!